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El Padre Poblete, un emprendedor ejemplar
Andrés Sanfuentes, Ingeniero Comercial Universidad de Chile. ArtÃculo publicado en el Diario Financiero
Andrés Sanfuentes

El Padre Poblete, un emprendedor ejemplar
Miércoles 10 de marzo del 2010
En estos días posteriores al terremoto, en que se manifiesta con tanta urgencia e intensidad la necesidad de la ayuda solidaria hacia los más desvalidos, la figura del Padre Renato Poblete, recientemente fallecido, ha estado más presente que nunca. Porque dedicó su vida a esta tarea.
En él podemos reconocer la admirable figura del emprendedor, ya que cuando se planteaba un objetivo, lo lograba con eficacia y también con bondad y alegría. Su obra más conocida es la transformación del Hogar de Cristo; cuando le encargaron esta responsabilidad era ya una conocida fundación de beneficencia, pero bajo su dirección llegó a ser la notable obra que conocemos en la actualidad, aumentando varias veces en tamaño y con una creciente diversificación en los servicios en favor de los más postergados en la sociedad. El Padre era solamente “el Capellán” de la institución, pero tras esa figura todos sabían que era el líder y el motor, a lo que se agregaba su talento para incorporar colaboradores valiosos en todos los niveles. En estos días se aprecia la importancia de su labor, en que el Hogar aparece como uno de los más eficaces mecanismos para recoger y distribuir la ayuda, junto a su hermano “Un Techo para Chile”.
Otra muestra de su capacidad se puede observar en la Funeraria del Hogar de Cristo, que la convirtió desde una opaca institución en una entidad moderna y eficiente en la provisión de sus servicios, pero sin olvidar la misión básica que le asignó su fundador, el Padre Hurtado, otorgar un apoyo digno a aquellos desvalidos que no los pueden costear.
No solamente en el campo de la beneficencia realizó un aporte significativo. Formó parte de un grupo destacado en el desarrollo de las ciencias sociales del país, junto a otros jesuitas tan importantes como sus compañeros Hernán Larraín, y Roger Veckemans, fundadores de las Escuelas de Psicología y Sociología, ambas de la Universidad Católica, mientras Poblete impulsó la creación de Ilades, del cual se derivaron varios postgrados, entre ellos el programa Ilades-Georgtown University, que estuvieron en la génesis de la actual Universidad Jesuita Alberto Hurtado.
Por otra parte, su nombre estuvo estrechamente asociado al desarrollo de la Sociología de la Religión en Chile. Se destaca también su permanente colaboración con la Revista Mensaje, otra creación del Padre Hurtado. En el comienzo del proceso de canonización de su inspirador, cumplió una labor fundamental.
Fue muy importante su aporte a las autoridades de la Iglesia Católica chilena. Su asesoría a varios obispos y cardenales se caracterizó por su reserva, prudencia y buen criterio, rasgos indispensables en un buen consejero. Su influencia se basaba en que nunca presumía de sus actividades. Actuaba en la misma forma en que murió, en silencio, sin bulla. En esta labor debe recordarse su influencia en robustecer a la Comisión Pontificia Justicia y Paz chilena, de manera que pudiera asesorar adecuadamente a la Conferencia Episcopal, y así ayudarla a tener una mayor cercanía al conocimiento de los problemas económico-sociales del país. En este caso podemos destacar otro de sus rasgos centrales como emprendedor: cuando el proyecto estaba bien asentado, lo dejaba y se involucraba en otra iniciativa.
El Padre Poblete cultivaba la amistad. Su carácter jovial, la sencillez y bondad lo hacían cercano a la gente. Tenía amigos en todos los sectores de la sociedad, no sólo los que acudían a la tradicional Cena Paz y Vino; le preocupaba de sobremanera “el otro”. Su capacidad para generar confianza y preservar la reserva le permitió realizar muchas acciones desconocidas y en que mantuvo la privacidad; no sabemos de ellas, pero las podemos presumir. Lo que no se sabe puede ser incluso más valioso que lo conocido.
Aparte de los talentos anteriores, que lo hacen un ejemplo como emprendedor y líder, el Padre Poblete agregaba otras virtudes que no son habituales en ese tipo de personalidades: calor humano, sencillez, sinceridad, que se reflejaban en su inolvidable sonrisa y su alegría de vivir, a pesar de su prolongada enfermedad.
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