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"DE QUE MANERA ESTAMOS HECHOS o DE QUE MADERA ESTAMOS HECHOS"

Ricardo Carbone, Ex alumno Ignaciano y académico de la Universidad Alberto Hurtado

 

En los momentos difíciles y duros aparece con mayor fuerza lo que realmente somos y pensamos. Cuando las cosas funcionan bien y de manera pacífica y superficial podemos presentarnos ante los otros con caretas y máscaras. El terremoto botó las máscaras de nuestro país y de cada uno de nosotros. 

Al ver las imágenes y escuchar los relatos nos damos cuenta que, el país que hemos construido tiene grandes fortalezas y sólidos valores pero también muestra una gran fragilidad y precariedad. 

Vamos por partes. Nos hemos acostumbrado a ver edificios altos y autopistas grandes. Nos sentíamos orgullosos de nuestro aeropuerto y de parte importante de lo que se ha construido. El terremoto botó las máscaras de muchos de estos edificios. Algunos de ellos mostraron un esqueleto firme y robusto. Se agrietaron y cayó el revestimiento pero lo central estaba intacto… estaban hechos de buena madera… probablemente de buen fierro.  

En otros casos la imagen es al revés. Edificios que se veían sólidos, modernos y llamativos se cayeron y mostraron ser únicamente un envase vacío. Su madera (fierro) era de mala calidad, en el fondo resistieron únicamente hasta que las cosas se pusieron difíciles. 

Algo similar ocurrió  con las personas. Muchos se preocuparon de ayudar a otros, de visitar a los ancianos solos, de socorrer a los vecinos. Otros tantos compartieron lo poco que lograron rescatar y solidarizaron con los que estaban aún más afectados. Ellos mostraron estar hechos de buena madera, de madera noble. 

Otros se dedicaron a saquear, a robar, a hacer más daño. Como si el terremoto y el tsunami hubiesen sido poco, vino una nueva ola de vandalismo y destrucción. Esta última no sólo afectó materialmente, sino que principalmente afectó nuestras confianzas y redes sociales. Eran vecinos contra vecinos. Lo que se quebró no son las murallas ni los tabiques, no cayeron únicamente trozos de adobe o tuberías, lo que se dejó ver era de que madera estábamos hechos. Al parecer, en estos casos no era madera noble, no era raulí o alerce… al contrario, al igual que en los edificios que cayeron, la fachada era de ciudadanos bien formados y conectados con el mundo y el consumo, pero el interior no estaba soportado por valores sólidos ni principios fuertes. Rápidamente y ante la primera dificultad corrieron a tomar lo que pudieron.  

La protección de la propiedad privada se enfrentaba al mal uso de la libertad individual. Dos ejes del capitalismo moderno entraban en evidente contradicción y colapso. 

La reflexiones que se producen son muchas: ¿podemos esperar algo distinto en un sistema que genera segmentación y exclusión social?, ¿es el producto de una sociedad que obliga a competir y arreglárselas solo?, ¿hemos puesto demasiada atención en el SIMCE y poca en la formación de ciudadanos?, ¿que rol ha jugado la prensa?. 

Todos somos responsables de lo ocurrido, por acción u omisión. Ojalá que la reconstrucción no sólo abarque las casas y edificios, si no que principalmente nos ayude a reconstruirnos de noble madera. 
 



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